Paz para el medio ambiente

La paz y el medio ambiente son interdependientes. Su conexión es estrecha, innegable, y multidimensional.

Así como la escasez de recursos puede generar conflicto por su acceso; sin riqueza natural no sería fácil el sostenimiento del conflicto, pues en los últimos 25 años, 18 conflictos armados internos a nivel global, incluido el colombiano, se han financiado a través de la explotación de recursos naturales, especialmente de los cultivos ilícitos y la minería ilegal.


El escenario de la Paz consiste en que comunidades y familias regresan a sus tierras, o que pueden permanecer en ellas con una nueva ilusión de estabilidad y arraigo, y de transformar sus modos de vida y de trabajo”.

El hecho de que estos recursos se encuentren en ecosistemas estratégicos y lugares de difícil acceso –y por lo tanto con poca presencia de las autoridades y el estado–, genera a su vez problemáticas como el desplazamiento, el reclutamiento y la victimización de las poblaciones que han habitado estos territorios. El 52% de Colombia está cubierto por bosque natural, y gracias a eso el conflicto pudo hacerse un espacio, camuflarse y moverse a lo largo del país, con todo lo necesario para el sustento de miles de combatientes y para la movilización de sus negocios.

El que recursos como la tierra y los minerales estén en el centro de los intereses de diversos actores del conflicto –y el poder–, hace que defender y proteger el medio ambiente signifique poner la vida en riesgo, más en Colombia que en cualquier otro lugar del mundo. El aumento de la ola de violencia contra defensores ambientales está también relacionado en cierta medida con la implementación del Acuerdo Final y las dinámicas como la sustitución de cultivos ilícitos que afectan a los grupos ilegales aún activos y en pugna por los territorios.




Por otro lado, el medio ambiente es en sí mismo víctima del conflicto, y fue reconocido como tal por la JEP[1] en 2019; la voladura de oleoductos contaminando fuentes de agua y afectando decenas de especies, la deforestación sin límite por el control de tierras, la quema de cultivos, la minería ilegal y todas sus consecuencias, son algunos de los claros ejemplos de cómo sufren la guerra el agua, los bosques, la biodiversidad, los servicios ecosistémicos; y con ellos todas las comunidades y poblaciones que necesitan de ellos para su supervivencia.


La disponibilidad de recursos naturales en cantidad y calidad, y su posible amenaza, es un asunto de seguridad nacional en los diversos países; en este sentido, un medio ambiente sano es una cuestión de estado y nación, y es la base para la paz, la calidad de vida, la prosperidad, y el desarrollo.



El compromiso del Fondo con el medio ambiente comienza desde la operación misma de la secretaría técnica y las agencias, que están comprometidas con generar un mínimo impacto ambiental desde el racionamiento de los recursos de oficina y talleres como papel y plásticos de un solo uso, hasta los desplazamientos y la huella de carbono.


Todos los proyectos deben incorporar el enfoque de medio ambiente, y desde la etapa inicial se valora su impacto; se están implementando esfuerzos para crear estándares de medición eficiente de impacto, Planes de Manejo Ambiental para los proyectos por sector, e identificación de oportunidades para aumentar el impacto positivo ambiental de los proyectos y desarrollar todo su potencial en este sentido, sensibilizando a los actores de la paz sobre la importancia de ODS como el 2,6,7,11,12,13,14 y 15, directamente relacionados con el medio ambiente y con el campo colombiano y los territorios escenario de la consolidación de paz.


Asimismo cada vez se aprueban más proyectos con una influencia positiva en el medio ambiente, y el trabajo continúa para fortalecer y profundizar este impacto; pues un medio ambiente sano provee, y crea desarrollo económico, prosperidad, calidad de vida, y por supuesto, paz.


[1] JEP reconoce como víctima silenciosa al Medio Ambiente.